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Paradigma: cocina, limpiar, cuidad a niños y adultos no es trabajo

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Paradigma: cocina, limpiar, cuidad a niños y adultos no es trabajo


Uno de los paradigmas que ha perseguido a las mujeres es que las labores que realizan a diario para cuidar a su familia no son trabajo y por lo tanto no se remunera y se olvida que es esencial para que los hogares y las economías funcionen.


Cocinar, limpiar, cuidar a las personas mayores figuran entre las múltiples actividades que desempeña de manera cotidiana y que se valoran menos que el trabajo remunerado.

Según la ONU, hoy, en el siglo XXI, las mujeres realizan al menos 2,5 veces más trabajo doméstico de cuidado no remunerado que los hombres. Eso les deja menos tiempo para el trabajo remunerado e implica que trabajan más horas cuando se combinan los dos, el doméstico y el que realiza por una paga.

El trabajo no remunerado de las mujeres sufraga el costo en cuidados que sustenta a las familias, apoya a las economías y a menudo suple las carencias en materia de servicios sociales. Sin embargo, pocas veces se reconoce como ‘trabajo’.

El valor del trabajo de cuidado no remunerado y del trabajo doméstico representa entre un 10 y un 39 por ciento del producto interior bruto; puede pesar más en la economía de un país de lo que pesan la industria manufacturera, el sector del comercio o el del transporte.

Con los daños producidos por el cambio climático, el trabajo no remunerado de las mujeres en la agricultura, la recolección de agua y de combustible sigue aumentando cada vez más.

Para acelerar el progreso en materia de empoderamiento económico de las mujeres, se necesitan con carácter urgente políticas que ofrezcan servicios, protecciones sociales e infraestructuras básicas, que promuevan la distribución del trabajo de cuidado y doméstico entre las mujeres y los hombres, y que permitan crear más empleos remunerados en la economía asistencial.

Las mujeres siguen teniendo en su mayoría trabajos menos lucrativos y que no permiten disfrutar de prestaciones. Ganan menos que los hombres, aun cuando soportan el enorme peso —fundamental en términos económicos— que representan el trabajo de cuidado no remunerado y el trabajo doméstico.

A esto hay que sumarles a las mujeres que trabajan en empleos informales mal remunerados y con escasa protección de sus derechos.

El 57 por ciento de las trabajadoras y trabajadores domésticos de todo el mundo trabajan sin límite de horas.

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